La Virgen de La Parroquia

El día era cálido, las calles desbordaban de gente penitente. Golpeándose el pecho, presos de una tradición española arraigada por un pueblo indígena. Quién sabe por qué, pero que era digna de admirar tal devoción. Infantes sentados en edificaciones franciscanas casi destruidas, pero que eran capaces de soportar tal veneración.

Tal vez esa conmoción del corazón se originó en aquel altar dedicado a la purificación de aquellos que tenían los pueblos paleo indios en aquel lugar donde fue erigida la catedral.

Las campanas se estremecían...

Los monjes rezaban un Ave Maria...

El incienso se esparcía como una oración que buscaba una salida...

El respeto se sentía cuando la virgen Maria se aproximaba en su salida.

Los estandartes de aquellas congregaciones fundadas por ladinos e indígenas se postraban ante tal postal...

El obispo con vestidos puros, con imponencia veía a las mujeres adoloridas, los niños también se quejaban pues nada entendían, uno que otro anciano con su mejor traje quería pararse sobre una silla para ver a la madre que producía lágrimas en su mejilla.

Cabezas blancas, cabezas negras cada cual con una intención en su consciencia...

Los demonios se retuercen pues la virgen de la parroquia tiene a su merced a cuanto le reza...

Los rayos del sol penetran en el vestido blanco, que combina con las palomas del parque central, antiguo convento en donde almas fueron sepultadas, con su bordado de oro se enfila para secar las miradas...

Sobre un anda pequeña la virgen va con el niño en brazos, quien sabe si duerme o si se cansó de tantos ruegos que recibió porque no despierta ni mueve entre sus manos el rosario que una anciana desde hace unos 100 años le regalo.

La virgen sale!

Alejense de la virgen!!! Impuros!!! Dicen los burgueses, ironía con la que hablan estos, que un día despojaron  a los fieles esta imagen de carácter funesto.

La asociación despojada le canta, le llora, le venera, le implora, que un día regrese a sus manos el privilegio de regresar a su camarín que en silencio reposa.

Y así se ve un cuadro viejo de la parroquia, que se encuentra dañada y rota, dentro de una cripta en el cual solo las almas del purgatorio contemplan junto con la virgen y el niño que en su regazo reposa.

La virgen de la parroquia.

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